La primera víctima y las demás
Mienten ahora o mintieron antes nuestros intelectuales que dicen ver nuevamente en AMLO la salvación nacional, después de que hasta hace poco lo consideraron el artífice de un desastre de la democracia y de la izquierda, tras su desconocimiento del resultado electoral de 2006. Igual se podría decir de los militantes de los partidos de izquierda y de derecha que vieron por años en el PRI el engendro del mal y hoy ven en él una fuente del bien. O de los activistas, analistas y líderes de la derecha que se pasaron este sexenio panista reprochando sus saldos de miedo y desencanto y hoy litigan otra vez el voto por el PAN.
“Cuando llega la guerra, la primera víctima es la verdad”, dijo un senador estadounidense en 1917. Y de allí tomó Phillip Knightley el título de su clásico La primera víctima: el corresponsal de guerra como héroe y fabricante de mitos…
Pero la verdad como víctima, igual que la fábrica de mitos, acompaña también la llegada de la guerra política en los ámbitos domésticos. Sobre todo cuando se arriba, como aquí y ahora, a las tres últimas semanas de campaña, que hoy arrancan, para concluir el miércoles 27 de este mes, con miras a la elección del 1 de julio.
Y ya no hay día que no sea derribada la verdad, como primera víctima, en las palabras de los candidatos y sus secuaces. Y, claro, no es fácil ver héroes —como pasa con los corresponsales de guerra— en los reporteros, comentaristas, conductores que nos traen los dichos y los movimientos de los presidenciables a través de los medios, nuestros nuevos campos de batalla. Pero lo que sí es que los medios y sus operadores pueden ser vistos como los fabricantes de los mitos de hoy en términos de los hallazgos de Knightley para la cobertura de los conflictos bélicos.
La fábrica de mitos
Sí. Fabricar mitos es el nombre del juego. Eso es lo que buscan las estrategias de comunicación de las campañas. Y estas estrategias son las que definen primariamente los contenidos de los medios, para que los medios definan a su vez las conversaciones del público, en las que, finalmente, se van construyendo los mitos en las audiencias y los lectores. Cada candidato se propone construir el mito fundador y enaltecedor de su liderazgo o fabricar el mito destructor que empequeñezca o deshonre a su adversario.
Derechas e izquierdas —y las personalidades autoritarias— suelen tratar de generar mitos trascendentes, mesiánicos, en los que sus programas y sus personas encarnan el bien contra el mal. Y basta atender a los discursos y spots de las campañas del PAN y del PRD para comprobarlo. Los partidos de centro y las personalidades pragmáticas tienden a construir mitos relacionados con saber hacer las cosas, saber cumplir. Y para comprobarlo basta con asomarse a los discursos, a los spots y el tema del Estado eficaz de Peña.
Las otras víctimas
Y es en el proceso de construcción de esos mitos en busca de consensos que se reafirman o se alteran los sistemas de creencias de la población. Surgen los creyentes en uno u otro mito. Los más ideologizados, los más urgidos de respuestas totalizadoras se aferran a los mitos del bien que ellos abrazan frente al mito debidamente fabricado del mal en que ubica a los demás.
Y aquí es donde caen las demás víctimas junto con la verdad. Amistades dañadas porque los amigos quedaron en mitos confrontados. Hijos enfrentados a los padres. Alumnos desencantados con sus maestros y maestros abrazando sin recato el mito de la infalibilidad juvenil, si sirve al mito propio. Corrupción de las funciones del Estado al poner la procuración de justicia al servicio electoral. O al financiar películas de propaganda política contra el erigido en el mito del mal.
Eso es lo que nos espera de hoy al 1 de julio. Y según todos los aprestos de creyentes y mitómanos, eso nos espera también después del 1 de julio. Ya vimos esa película.. Vamos a ver si el país resiste el reestreno que ahora se anuncia.

